Antes como antes; ahora como ahora.

Criticar y atacar al gobernante parece ser un deporte nacional muy popular.

Qué le vaya mal a un gobierno siempre es una mala noticia. Produce daños y malestar a la población en general. En México durante lo que va del siglo XXI, los Presidentes de la República han batallado con la opinión pública, siendo blanco de criticas, burlas y animadversiones. Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, fueron severamente atacados, cuestionados, convertidos en chiste, memes, caricatura política y relatos donde se les denostó sin tregua ni limite, escudándose los emisores, en la libertad de expresión, la libertad de prensa, la desaparición legal del delito de difamación, el malestar por las medidas económicas provenientes de una crisis mundial extendida y prolongada por años y años, que ha hecho daño al patrimonio de los mexicanos.

Episodios ocurridos como la alianza de facto de los más importantes caricaturistas políticos e intelectuales para vapulear sistemáticamente por cualquier canal de comunicación posible al Presidente Fox en su momento, arrojo paginas numerosas, cartones, memes, impresos, volantes, panfletos y calcomanías que usaron sus detractores para lastimar su popularidad e incidir en sus niveles de aprobación/desaprobación entre la población.

Igualmente en su periodo al Presidente Felipe Calderón le dispensaron todo tipo de descalificativos, leyendas, historias denigrantes, chistes, asociaciones negativas que fueron desde señalarlo como un ebrio hasta sentenciarlo como asesino.

El sexenio completo y sobre todo, los últimos 18 meses de su periodo de gobierno, al Presidente Enrique Peña Nieto le tocó sufrir embates y embustes, difamaciones y calumnias, con disparates, medias verdades, temas calientes, hechos perturbadores, todo ello, además de las críticas sensatas, racionales, objetivas y necesarias, que son las que no se pueden ni deben evitar jamás.

El común denominador de las 3 gestiones es que la legalidad fue desplazada por la falta de legitimidad de los gobiernos. Y esta perdida de legitimidad tuvo su origen en la desconfianza del ciudadano, así como el cuestionamiento a la clase política, derivada del historial de ventajas, privilegios y conflictos que fueron mellando el respeto, la tolerancia y la autoridad.

En tiempos de la 4ª transformación, con Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México, vale la pena cuestionar el hecho de que dañar los cimientos de la envestidura presidencial, debilitar la institucionalidad, atacar y perder el respeto al presidente no solamente en nada sirvió ni antes ni ahora. No mejoro nada absolutamente, sino que por el contrario, los daños causados son muy difíciles de restaurar y son transmitidos a quien sea que sea el Presidente de México, que sufrirá la misma suerte, sin importar de qué partido político provenga, pues no parece que se detendrá el acto de desprestigiar y reducir peyorativamente al gobernante en turno.

Vivimos una época caracterizada por qué al ciudadano le divierte y hasta le reconforta que a los políticos les vaya mal. Resulta que hasta lo disfrutan como logro propio, sin percatarse que si al gobernante en turno le va mal, quienes lo pagamos somos todos y el fracaso nos arrastra sin poder evitarlo. 

Lo que sigue es promover y consolidar nuestra cultura cívica que debe extenderse y ser accesible para la población en general.  Como sociedad debemos hacer esfuerzos para inculcar la vida democrática en nuestra población, activando el

ejercicio pleno de la ciudadanía, que es derecho pero a la vez, obligación. 

Está claro que la gente exige, demanda, reclama, pero al parecer atacar a los gobernantes no es el mejor camino ni la forma útil para canalizar la energía y lograr el bienestar social. 

Criticar, cuestionar, lamentar, denunciar, y otras acciones de uso cotidiano, resultan insuficientes e impiden el paso a proponer, emprender, apoyar, razonar  y debatir con sentido constructivo. 

Deberíamos darle valor y reforzar a quienes intentan asumir la responsabilidad de gobernar, procurando guiar y administrar con pasión y vocación de servicio.  La dureza con la que se juzga a los políticos tiene toques de desprecio, envidia, intolerancia y hasta discriminación. 

Los tiempos no son favorables para quienes con culpa o sin ella transitan por las sillas del poder en el ejercicio del gobierno.

No hay triunfo en demoler la fama pública de un gobernante. No es válido desear fracaso y derrota para quienes conducen el destino colectivo. Es terrible desear la catástrofe y propiciar debacles que afectan no a personas solitarias, sino que hunden el barco donde navegamos todos: los aferrados, los sacrificados, los gobernantes en turno, buenos, malos o regulares, los temerarios, los indefensos e incluso hasta a los apáticos. 

Dañar a las instituciones produce consecuencias que afectan a todos y su efecto perdura por largo tiempo. La irresponsabilidad de destruir no es justificada por nada.  Este es uno de los casos en los que el fin no justifica los medios, cuya consecuencia predeterminada es picar pero perder la vida con ello, como ocurre a las abejas, como ocurre a los agitadores, a los porros, a los falsos profetas vividores de la política. 

Estoy convencido de que lo que más conviene a los mexicanos es lograr una restructuración de la relación sociedad – gobierno. La línea de equilibrio debe trazarse entre dos puntas en una relación de cooperación, inclusión social, corresponsabilidad, comunicación abierta, legalidad, concertación, voluntad y esfuerzo común. Productos de dicha nueva relación, deben ser el gobernar para todos, sin discriminación, con transparencia, sin abusos, así como respetar al gobernante en turno, sin dejar de vigilar que cumpla con la ley, que entregue buenos resultados, que asuma las políticas públicas necesarias y convenientes para el progreso del pueblo en lugar de las útiles sobre la base de la rentabilidad electoral.

Lo deseable es interactuar, participar en la reconstrucción moral de la  confianza, generar una colaboración corresponsable entre sociedad y gobierno, fomentar una ciudadanía demandante de espacios de participación permanentes, atentos y vigilantes de gobernantes y funcionarios, promotores de la transparencia, detractores de la corrupción. 

Mi opinión en video:

www.youtube.com/user/carlosanguianoz

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