Margen de maniobras

Con una gestión pública singular, novedosa, diferente, menos rígida en formas y protocolos, en la que la planeación estratégica cede importancia ante la improvisación y la operación de crisis, México transita ya en el día 416 del sexenio del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Con el avance de su gobierno, sigue sorprendiendo a los mexicanos con sorpresas e hilaridades, que de pronto nos distraen y nos desenfocan de los problemas principales. Es un hecho que el Presidente usa, goza y disfruta de una aprobación mayoritaria que le confiere popularidad, aceptación, legitimidad, bono de gobernabilidad y margen de maniobra.

La secuencia histórica de sus antecesores en la Presidencia de México, registró hechos, conductas, decisiones y estilos directivos que ocasionaron que se señalara a nuestro país como una democracia presidencialista, es decir, autoritaria pero disfrazada. En un contexto histórico pleno de dictadores en Latinoamérica, nuestro país transitó por lo que describió Mario Vargas Llosa como una dictadura perfecta. Se cuidaron las formas, se disciplinaron los políticos, los poderosos se circunscribieron al formato sexenal y se logró mantener a la nación libre de reelección.

Andrés Manuel López Obrador rompe tradiciones, hace escuela, impone hábitos y conduce al país con su propio estilo. A la inversa de sus antecesores, no permanece guardado, oculto ni en silencio, sino que por lo contrario, da la cara, aparece, contiene a sus detractores, marca agenda, impone ritmo y lidera la vida pública en los hechos, no solo de derecho. Es un gobernante cercano al pueblo, que se muestra ante los medios de comunicación constantemente, que no se escuda en su Secretario de Gobernación o en el resto de su gabinete sino que toma la batuta, apareciendo en punta, echándose al hombro a sus hombres y mujeres de confianza, que cómodamente se protegen en la fortaleza popular del Presidente de México.

Es el Presidente es un hábil y astuto estratega mediático. Carismático, fuerte, sin mostrarse opresor, conductor de la esperanza, detentador del poder que se le acumula y que generalmente  ha sabido controlar manteniendo los márgenes de maniobra –salvo ante el culiacanazo, donde obró forzado al límite- que le permiten imponer negociando, hacer que se le obedezca convenciendo, mostrando las dos manos que se dice debe tener todo político: la mano izquierda, generosa, amable, cálida, humana; la mano derecha fuerte, con mando firme.

Su margen de maniobra como Presidente le permite tomar decisiones discrecionales, imponer políticas públicas y operar políticamente desde el gobierno, que tiene en el Presidente al jugador de todas las posiciones.

La propaganda es el punto principal de apoyo de su estrategia de gobierno. Viniendo de López Obrador, el pueblo admite, acepta y no se enoja por actos, planes o acciones que no toleraría a nadie más. Hoy su peso político incrementa el poder del cargo, con la mayoría legislativa en la Cámara de Senadores y en la Cámara de Diputados, a lo que hay que sumarle que en todas las mediciones de opinión pública su partido encabeza las encuestas ante las elecciones de mediados del año 2021, así como una probación que en la tercera semana de enero de 2020 alcanza 57.3%, marcada por una tendencia a la baja a partir de la semana 42 del año 2019 (www.consulta.mx), por lo que se mantiene en niveles altos y cómodos de operación política.

El margen de maniobra es el elemento preponderante del gobierno de la república. Recursos como las votaciones a mano alzada que realiza en sus eventos públicos, son un ejemplo de que ante la duda, se recurre al voto de confianza, sabedores de que saldrán apoyados por la masa popular. El gasto público presupuestado y calculado para que lo no utilizado regrese a una partida de uso discrecional, facilita que el Presidente disponga cómo y en que se gasta, incrementa sustancialmente el margen de maniobra del jefe del estado mexicano.

Obviamente, nadie podría convencer en forma unánime a los mexicanos. Tomar las decisiones importantes, todas ellas, por una sola persona, tiene pros y contras. Facilita la discusión y ordena a los miembros del gabinete pero simultáneamente se acerca a niveles autoritarios, impositivos, arbitrarios.

Son tiempos propicios para el Presidente. Navega por aguas tranquilas y puede imprimir el rumbo, señalando el camino sin férrea oposición, con respaldo social mayoritario. Su margen de maniobra se utiliza con pericia comunicacional, con tintes de propaganda, con sentido político y a conveniencia del régimen. Mientras no sea acorralado por la oposición o peor aún, por las circunstancias, como ya ha ocurrido en el pasado, hay que aprovechar para lograr beneficios colectivos y usar la escasa tensión social actual para avanzar, para osar resolver problemas añejos, para intentar transformar positivamente la calidad de vida de los mexicanos. Así, todos sacaríamos provecho de la popularidad del Presidente, más allá de si su estilo de gobernar nos gusta o no.

Por Carlos A. Anguiano Zamudio

 www.inteligenciapolitica.org

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