De lo urgente a lo importante.

A lo largo del tiempo, en todos los continentes, los habitantes del mundo han enfrentado problemas, desastres, crisis y enfermedades. El recuento histórico señala como práctica común que la gente busca un culpable de sus pesares –nunca se culpan solos- a quien hacer responsable de su enojo, de su dolor, de sus pérdidas, de sus agravios. El culpable popular número uno de siempre es el gobierno.

Los gobernantes gozan de privilegios, beneficios y oportunidades, pero también enfrentan el descontento, el señalamiento y hasta el castigo de los gobernados, que en la historia universal ha ido desde hervirlos en cacerolas, lapidarlos, empalarlos, guillotinarlos, fusilarlos, desterrarlos, encarcelarlos o en la versión moderna de la era que está por terminar gracias al COVID 19, a exhibirlos en redes sociales, a ser blanco de chistes, memes y ofensas, a limitarlos o a detenerlos con el voto de castigo.

Empezando el segundo semestre de 2020, varios Primeros Ministros, mandatarios de naciones con regímenes socialistas o capitalistas, Presidentes y numerosos gobernantes locales, enfrentan ya el coraje, la frustración, la resistencia entre su población, críticas severas y señalamientos por su actuación frente a la crisis sanitaria, además de haber sido reveladas las carencias hospitalarias en los países, incluso los más desarrollados y la incapacidad organizativa y decisiones precipitadas que afectaron a su población. Este juicio popular sumario, no siempre es justo, pero existe, es real y hay que asimilarlo como uno de los factores de análisis político, necesarios para entender popularidad, gobernabilidad, gobernanza y democracia en los años venideros.

En México, el tablero de popularidad donde el Presidente de la Republica y los Gobernadores contrastan su popularidad, aceptación y profundidad negativa (rechazo), se ha actualizado constantemente durante las últimas semanas. En principio, el COVID19 se volvió el factor dominante para el juicio popular. Decisiones rápidas, cálculos, análisis de riesgo, proyección de escenarios, políticas públicas, apoyos, declaraciones, apariciones públicas, sensibilidad, han sido las causas sobresalientes, lo más visible y calificable. Al transcurrir las semanas, errores, tardanzas, aceleres, fallas, insuficiencias, declaraciones, han afectado a la baja a los gobernantes. El virus se ha vuelto la variable independiente más complicada de calcular, impredecible, fuera de control, que ha exhibido a nuestros políticos y así como les ha dado, les ha quitado popularidad.

Conviene entender que en términos de popularidad, la percepción que es el Rey del juego, es voluble, dinámica, cambiante, externa. Y saber que lo que sube rápido, baja rápido, por falta de sustento, por obedecer a primeras impresiones sin haber sido debidamente razonado.

Es claro que la vida cambiara para todos después del COVID19. También lo es que la política será afectada. En un año y días habrá elecciones en México. Y para entonces, lo que hicieron los gobernantes ante la pandemia será calificado al votar. Pero pronto, al recuperar la “Nueva Normalidad”, volveremos a ver y a sentir los estragos de los 3 grandes problemas de los mexicanos: impunidad, inseguridad pública y crisis económica. COVID19 ira perdiendo importancia. Volveremos a tener presente en nuestra mente lo que nos daña a diario: robo, carestía, asesinatos, corrupción, bajos salarios, deudas, narcotráfico, otras enfermedades, deficientes servicios públicos, desorden, abusos de los gobernantes y otros errores en su actuar. Y enfocaremos de nuevo nuestra atención en lo importante en lugar de en lo urgente.

www.inteligenciapolitica.org

@carlosanguianoz en Twitter

https://www.eloccidental.com.mx/analisis/de-lo-urgente-a-lo-importante-5300863.html

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